Hoy sábado, en Picanya, el oráculo va a hablar. El sinedrín de los elegidos, los tocados por el dedo de Dios (o del diablo) con cargos remunerados dictarán sentencia. Supongo que esperan que el resto de los pobres desdichados, aquellos que, a su parecer, necesitan guías espirituales y políticos que no merecen el derecho a opinar y decidir -práctica habitual ya cuando de temas supuestamente importantes se trata- acaten y obedezcan el dictado de los dioses.
