Mónica Oltra, en la reunión de la diputación permanente de Les Corts Valencianes donde se ha convalidado el decreto - ley del gobierno del PP que pretende destruir el barrio del Cabanyal, ha inaugurado un término de nuevo cuño: las barberidades. Es evidente que, si en algo ha contribuido el PP a mejorar nuestras vidas, ha sido en el tema de la lengua -no me refiero, evidentemente, al cumplimiento de la Ley de Creación de RTVE y el uso del valenciano en el medio público-. El uso del alemán en el debate político de los últimos meses o la aparición de nuevos vocablos asociados a las acciones y decisiones de los diferentes gobiernos peperos dejarán huella -espero que borrable- en algunos de nosotros: las barberidades, las campsadas, los costalazos o las blascadas dan un nuevo aire, ni fresco ni limpio, a esto que estamos viviendo. Espero que con fecha de caducidad.
Y como Rita pille al Jorge Alarte y a la Vice MariTere, con esa cara de "forofa selecciónespañola", gritando eso de "a por esos del ssssoeeee, a por essssssoooossss del sssssooeeeeeee", pobrecitos de ellos.
Y la ministra Sinde al paredón -en el Cabanyal no podrá ser, porque ya no quedarán paredes si esta "señora" y su partido siguen gobernando-.
Joer ... si no fuera porque da miedo, sería de risa.
Querida Make, gracias por este recorrido por quienes fuimos, por quienes somos. Porque los que estamos ahi, y los que faltan, somos la consecuencia lógica de habernos conocido, de habernos querido y de haber crecido juntos.
El reencuentro con todos vosotros ha sido, sin duda, uno de los acontecimientos más importante de este año que se acaba.
No tardemos otros 25 años en volver a vernos. Un beso fuerte y un gran abrazo.
Acaba de publicarse una encuesta en El Mundo, realizada la semana pasada tras las declaraciones de Cobo en Madrid y después de la reunión del Comité Nacional del PP donde supuestamente Rajoy dió el puñetazo en la mesa exigiendo el Basta ya! a los escándalos, desvaríos, denuncias y demás varapalos que le estan lloviendo de todos lados.
En esa encuesta, tanto en Madrid como en Valencia, el PP, a pesar de bajar un poco en intención de voto, sigue manteniendo holgadamente sus mayorías absolutas y absolutistas y, curiosamente, en ambas comunidades el PSOE también baja.
Es curioso -y lamentable- que en este país, los casos de corrupción no afecten las perspectivas electorales de los políticos y partidos de derechas. La doble moral que tenemos instalada, cada vez con mayor fuerza y presencia, permite mantener un comportamiento como gestor de lo público inadecuado, cuando no ilegal, sin que por ello sea castigado por la sociedad.
Quizás el problema es mucho más profundo que un indigno presidente y un partido con demasiadas prácticas corruptas. La sociedad ha perdido, si alguna vez lo tuvo, el profundo respeto de lo público como valor, como esencia de la convivencia, de las relaciones. Ya no tenemos el sentido de la plaza y del patrimonio público que permite el desarrollo personal y colectivo, solidario y libre, de las personas y los pueblos. Quizás por eso la educación es tan importante para el PP. La manipulación y lastre que imponen desde hace años es un impedimento para que nuevas generaciones puedan cuestionar estos comportamientos y nieguen ese modelo social de relación. No valorar lo nuestro significa que no importa que nos lo quiten. Aceptar que nuestros políticos son todos iguales y que actuar indigna o ilegalemente es parte de su definición implica que no reaccionemos cuando se visualiza y demuestra una praxis de ese tipo.
No sólo hace falta una reacción social y una profunda reflexión que devuelva el carácter valioso de lo público como tal, sino un cambio en las escalas de valores de la gente. Que la gente de la calle no sea crítica con el PP en este momento implica que nuestro trabajo debería ser mucho más pedagógico que ejemplarizante, mucho más didáctico y constructivista que demostrativo de lo malos que son estos personajes, jugadores del monopoly con nuestro país. Y dar ejemplo de ello. No es casualidad que la segunda política mejor valorada, tras el propio Camps, sea Mónica Oltra. Un valor que no deberíamos perder ahora por mediocridades y medianías faltos de visión de futuro.
Acabo de enterarme, de pura casualidad, puesto que la actual dirección no ha tenido a bien comunicarlo fehacientemente, que EUPV ha tramitado mi baja de la organización.
Se cierra así, definitivamente, una etapa de trabajo y lucha política en una organización irreconocible en estos momentos.
Sin embargo, no quiero despedirme de ella sin agradecer todo lo que me ha ocurrido desde aquél lejano jueves 10 de enero de 1991 en que entré al viejo local de EU de la calle Navarra, en Burjassot, para afiliarme a la organización, tras mi paso por las Juventudes Comunistas en el año 84 y la construcción y liderazgo de un movimiento estudiantil de izquierdas en el Campus de Burjassot de la Universitat de València durante mi época universitaria.
Durante cerca de 17 años, el trabajo y la dedicación al desarrollo de un ideario político, progresista y transformador, junto a cientos de maravillosas personas ha determinado, sin lugar a dudas, la persona que soy ahora. Y el marco, el espacio que, durante todo ese tiempo ha permitido ese desarrollo y ese crecimiento, ha sido Esquerra Unida.
Esta organización me ha permitido haber tenido uno de los mayores honores que toda persona con inquietudes políticas puede alcanzar: ser concejal en mi pueblo puesto que obtener la confianza de mis vecinos para poder servir con el trabajo y la propuesta política que defendíamos al desarrollo y bienestar de la gente con la que convives a diario es, para mí, el mayor logro posible, por encima de otros honorables y dignos cargos que se pueden alcanzar.
Haber conocido y haber podido trabajar con personas de un talante excepcional, con una inmensa capacidad de trabajo y una altura de miras grandiosa, con experiencia y sabiduría inmensas y una disposición tan altruista a enseñar, a formar y a anteponer el bien de la colectividad y la organización frente a otras cuestiones menores ha sido todo un lujo que no tiene precio alguno. Personas como los desaparecidos Ángel Guardia o Voro Vila no han tenido, ni tendrán, parangón alguno en la organización. Personas que junto a parlamentarios como Albert Taberner, Pedro Zamora o Joan Ribó o alcaldes como Domingo Morcillo, han guiado y dibujado una concepción honesta y altruista de la política como ejercicio de la libertad y vínculo con los demás para la búsqueda de la mejora de nuestra vida. El haber podido tener, a lo largo y ancho del tiempo y de la geografía, el contacto con la gente de la calle, el conocer, percibir y convivir con las múltiples realidades de cada barrio, de cada ciudad, de cada país y ser parte de esa realidad, ofreciendo lo mejor de cada uno, no tiene palabras que lo describan. Desde la nueva condición de no militante de EU, desde la no pertenencia, en el balance global de estos últimos largos años pesan mucho más las valoraciones positivas y los agradecimientos que las cuestiones negativas habidas.
Y como agradecimiento, no seguir militando en esta organización es uno más de ellos. Porque el devenir de EUPV en los últimos años, desde 2003, la ha llevado a ser un espectro de lo que fue, de aquél espacio de trabajo duro, intenso y fraternal, de debate, de discusión y discrepancia que finalizaban cuando se levantaban las reuniones, de amistades y alianzas, de ilusión y esperanza. Agradezco no seguir militando en una organización cerrada e impotente ante su propia debilidad, pesebre de acomodados desconocedores de la realidad social, laboral, económica y política, ausentes de la vida que bulle y seguirá bullendo al margen de sus propias vidas, marginados hasta de sus propias olvidadas convicciones personales.
Asumo y agradezco nuevamente la nueva condición de no militante de esta envejecida estructura que es EUPV en la actualidad, carcomida por las actitudes y comportamientos sectarios y excluyentes, por la ineptitud, la desidia, la inoperancia, el clientelismo, el rencor y la incapacidad de hacer aquello que pregonan: la defensa de los trabajadores, la propuesta de un nuevo modelo social, la democracia interna, el diálogo y la búsqueda del consenso.
EUPV, transmutada ahora en una triste realidad grisácea donde impera el histrionismo de algunos, la ignorancia soberbia de otros y la asumida mendicidad de la dependencia económica, dejó de ser, hace seis años, la organización diferente, alegre, diversa y plural, donde cabían todos los colores de la izquierda, con la que me identificaba.
No es casualidad, por tanto, que comparta esta nueva situación con todos mis referentes políticos e ideológicos. Empieza una nueva etapa y el bagaje que me acompaña, todo lo bueno que he aprendido y todo lo malo que me han enseñado, se viene conmigo. Buscaré un nuevo instrumento válido, una nueva herramienta, un nuevo espacio para seguir haciendo lo mismo de siempre, lo que mis maestros me enseñaron y lo que la cabeza y el corazón dictan y concluyen que es lo correcto, aquello que está bien.
El congreso del PCE que se está celebrando este fin de semana en Madrid supone, según todos los comentarios leídos e imagino que según también la propia dirección del partido, el fin de la etapa convulsa de los últimos años, caracterizada por el permanente enfrentamiento con la dirección de IU.
Paco Frutos, junto a quienes han defendido y acompañado la estrategia rupturista con todo aquello de IU que no controlaban, y las políticas desarrolladas en el seno de las diferentes federaciones de IU , han contribuido notablemente al empequeñecimiento, a la desvirtuación y empobrecimiento del debate ideológico y a la pérdida de energía y vitalidad de la que era nuestra organización de referencia , y, consecuentemente, a la pérdida de credibilidad y confianza de una gran parte del electorado, incapaz de verse mínimamente reflejada en una opción política castrada por el cainismo interno, las luchas intestinas por la miseria de los cargos y las nóminas y la falta de propuestas y alternativas creíbles e ilusionantes frente a la cruda realidad que nos envuelve.
Proclama Frutos, en su despedida tras 11 años en la Secretaría, y con el posterior aplauso de los delegados, que el PCE tiene poco que ver con la clase progre y que "tenemos que ver con la gente que cree en el socialismo o en una democracia de fuerte contenido social"; que el PCE se reconoce "con los que hicieron" las huelgas generales del 14 de diciembre de 1988, contra Felipe González, y del 20 de junio de 2002, contra José María Aznar, "con los que se han movilizado contra la guerra y por la paz, contra la explotación de pueblos y personas, con los que se han movilizado por un empleo y una vida digna, en las fábricas, el campo y la Universidad. No tenemos nada que ver -remachó- con el lenguaje trucado de los que, hablando de solidaridad, convierten la lucha de clases en un acto de caridad". Quizás esas palabras sean ciertas, aunque son difíciles de creer. Quizás de no haber tenido cerca de mi, de no haber conocido y vivido las referencias, las palabras y los silencios, los hechos, las acciones y las omisiones que han ultrajado la dignidad del trabajo y se han comportado de manera tan indigna en el conflicto generado por Gloria Marcos y Ricardo Sixto contra los ahora ex-trabajadores de EUPV, como han sido la Secretaria General del PCPV, Marga Sanz, el responsable de Organización, Francisco García Mancheño, o el diputado Lluis Torró, podría creer en esas bellas palabras. La historia y el pasado reciente, sin embargo, prueban lo contrario. La credibilidad de una histórica organización como el PCE que, probablemente, tendrá entre sus dirigentes a quienes he citado anteriormente, es nula para mi. Quien ha defendido y apoyado el comportamiento de EUPV ante sus trabajadores como el peor de los empresarios más fascistas no puede ser el referente ideológico de los trabajadores de este país y, mucho menos, ser el referente moral y ético de la clase trabajadora, porque han perdido, si es que alguna vez llegaron a tenerla, la entidad y la coherencia política suficiente para ser algo más que asalariados y peones del sistema que dicen querer combatir.